Historia de Almagro
Desde el año 1972 Almagro ostenta el título de Ciudad Conjunto Histórico-Artístico, lo cual no es casualidad, pues en Almagro confluyen desde la Edad Media manifestaciones culturales, artísticas, históricas y sociales, que han servido para enriquecer y conformar el patrimonio de la ciudad.

El núcleo central de todas las actividades económicas y sociales es la Plaza Mayor. De origen medieval, ha sufrido diversas transformaciones hasta presentar el aspecto actual. Se trata del espacio más emblemático, al convertirse en el eje en torno al cual gira toda la trama urbana de la ciudad y estar ocupada por los principales edificios públicos y religiosos.

En la panda meridional de la Plaza se sitúa el Corral de Comedias, único teatro activo del siglo XVII y junto a éste, el Palacio de los Molina. Almagro, convertida en capital y sede de la corte de los maestres de la Orden de Calatrava, adquirió un papel preponderante durante toda la Edad Media como centro político y económico de las tierras que controla, papel que se verá continuado a lo largo de todo el siglo XVI, como centro administrativo, manteniendo su pujanza económica favorecida por la presencia de la Mesa Maestral, y por la llegada de los banqueros de Carlos V, la familia Függer.

Al desarrollo económico de Almagro, contribuyeron también aquellas familias de comerciantes, ganaderos y terratenientes, que se instalan al amparo de la Orden de Calatrava. El mejor reflejo de este desarrollo queda constatado a través de la construcción de los diferentes palacios y casas señoriales, las cuales pueden contemplarse en las diferentes calles que forman el casco histórico, así cabe citar el Palacio del Marqués de las Hormazas, el Palacio de los Oviedo o el Palacio de los Torremejía.

El Almagro de los siglos XVI, XVII y XVIII, bien se podría denominar “el Almagro de los Conventos”, pues en este período son diversas las órdenes religiosas que se instalan en la ciudad, construyendo complejos conventuales de gran importancia, como el Convento de San Agustín, junto a la Plaza Mayor y del cual tan sólo nos queda la iglesia, el Convento Franciscano de Santa Catalina (actual Parador de Turismo), el Convento de Monjas Bernardas y el Convento de la Encarnación de Monjas Dominicas.

Durante el siglo XVII y XVIII, Almagro mantendrá su esplendor. Las diferentes familias que forman la aristocracia local, tienen una enorme influencia y poder, los cuales quedan reflejados en la cantidad de tierras y ganado que poseen, y en los palacios que construyen. Así cabe destacar la figura del Conde de Valdeparaíso, cuyo palacio barroco aún se conserva, y el cual llega a ser Ministro de Hacienda del rey Fernando VI, desde cuya privilegiada situación favorecerá a su ciudad natal con diversas iniciativas como la fundación de un Real Cuartel de Caballería, el traslado de la capitalidad de la provincia de la Mancha desde Ciudad Real a Almagro durante el período de 1750 a 1761, o la creación de una fábrica de textiles y encajes.

El encaje, cuyo origen es tan incierto como el de su llegada a Almagro, representa para la ciudad, no sólo un valor cultural, sino un ámbito de enorme trascendencia económica, pues desde la Edad Media numerosas familias han trabajado en torno a esta artesanía, tan laboriosa, no sólo por la dificultad en su ejecución, sino también por el tiempo de dedicación, así la expresión “mandar a alguien a hacer puñetas” (la puñeta es una pieza de encaje) da una idea del tiempo que se necesita para elaborar una de estas piezas. Actualmente el encaje se encuentra en pleno desarrollo y el mejor ejemplo de esto es la creación del Museo del Encaje.

Pero Almagro no sólo destaca por la majestuosidad de los conventos o iglesias, o por la importancia de la edilicia palatina, sino también cabe resaltar la arquitectura popular manifestada, por un lado, a través de las viviendas particulares y, por otro, con el desarrollo de las Emitas de barrio. Cada barrio tenía su propia ermita, la cual era mantenida a través del trabajo de los fieles y de las limosnas. En Almagro existía un número importante de ellas, aunque en la actualidad sólo se mantienen las de San Juan, la Magdalena, San Ildefonso, San Pedro y Santa Ana.

El siglo XIX en Almagro se inicia con la pérdida de poder en el Campo de Calatrava, proceso que se ve ayudado por la guerra de independencia contra Francia. Dicho acontecimiento tendrá gran influencia, pues los franceses hicieron tres entradas en la ciudad, la primera en 1808, la segunda en 1809 y la tercera en 1810. En 1809, entraba en Almagro, el hermano del emperador Napoleón, José I con una parte del ejército francés, y en 1810 el propio Napoleón, de paso para Andalucía.

En la actualidad, la ciudad de Almagro es un destino cultural y turístico de primer orden, no sólo porque en él tienen lugar eventos tan importantes como el Festival de Teatro Clásico, sino porque ésta ciudad es como un gran cofre que atesora múltiples joyas, en forma de monumentos, calles, paisajes, colores, olores y esa luz tan maravillosa que tiene esta tierra.

Sea como fuere, Almagro es el lugar idóneo para poder disfrutar del arte, la historia, del teatro, de la cultura, en definitiva, un lugar para deleite de todos nuestros sentidos.